Prestar dinero con intereses es una actividad legítima — y como todo negocio, necesita método. La diferencia entre un prestamista que crece y uno que pierde amigos (y dinero) está en 5 decisiones que se toman ANTES del primer préstamo.
Presta solo dinero que no necesitas para vivir, y no pongas más del 10–15% de tu cartera en un solo cliente. La regla de oro: si un cliente te fallara por completo mañana, tu negocio debe sobrevivir.
Cada país regula el interés que puede cobrarse (en México existe el concepto de "usura"; cada estado tiene sus criterios). Esta guía no es asesoría legal ni financiera: antes de fijar tu tasa, infórmate de los límites legales de tu localidad. Cobrar una tasa excesiva te expone legalmente y — en la práctica — aleja a los clientes que sí pagan.
Por ejemplo: 10% semanal sobre saldo. La consistencia hace tu cobranza predecible para ti y para el cliente. Cambiar la tasa según el humor del día es la vía más rápida a las discusiones.
Nombre, teléfono, monto, fecha, tasa, frecuencia y cada abono. El negocio que empieza desordenado rara vez se ordena después. Empezar con un sistema de registro desde el primer préstamo cuesta menos que ordenar 50 clientes después.
El recibo con saldo actualizado protege el pago y construye tu reputación. El prestamista que da comprobantes cobra mejor: sus clientes lo ven como institución, no como amigo que presta.
El primer cliente que se atrasa es una prueba de tu sistema, no una excepción. Cobra a tiempo, con mensajes claros, y aplica la misma regla con todos. Un cliente al que le cobras con seriedad la primera semana, paga con seriedad todas las siguientes.
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